Lo que alcanzó a ver nuestro lente fotográfico fue que el rodeo, el compañerismo y la sana competencia le ganó a las reglas y a la fría mirada de los jueces, aunque en algún momento anduvimos tumbao. En la medialuna de Santa Bárbara se hizo rodeo de verdad y eso se debe a nadie mas que a los corredores, petiseros  la familia  y al esfuerzo de los organizadores que  día a día se desloman por llegar de la mejor manera a la redonda. Ese es el espíritu de nuestra fiesta corralera, vivir el rodeo.